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Agacinski: "El matrimonio se funda en la diferencia de sexos"
Agacinski señala que la institución de una pareja parental homosexual “aboliría la distinción hombre/mujer en beneficio de la distinción entre homosexuales y heterosexuales”. La reivindicación del “matrimonio homosexual” o de la “homoparentalidad” se ha formulado a partir de la construcción de sujetos jurídicos que nunca han existido: los “heterosexuales”, con lo cual se ha planteado la igualdad de derechos entre homosexuales y heterosexuales. “Sin embargo, se trata de una ficción, pues ni el matrimonio ni la paternidad se basan en la sexualidad de los individuos, sino en primer lugar en el sexo, es decir, en la distinción antropológica entre hombres y mujeres”. En una civilización como la nuestra, heredera del derecho romano, afirma Agacinski, el matrimonio ha sido siempre la unión legal de un hombre con una mujer, a la que hace la madre de sus hijos. El matrimonio es, todavía hoy, “la unión de dos sexos en razón de su complementariedad en la generación”. En cambio, “un matrimonio homosexual instauraría simbólicamente como pareja parental a dos personas del mismo sexo y pondría en cuestión la filiación bilateral de los hijos (un lado materno y otro paterno)”. “Se invoca generalmente un culturalismo integral para afirmar que el derecho civil y particularmente la institución del matrimonio y de la filiación son puras construcciones, ajenas a la sexuación y a la generación. Pero no hay nada de eso, pues el lazo de filiación que une a un hijo con sus padres es universalmente reconocido como bilateral, y esta bilateralidad sería ininteligible si no se construyera directamente sobre la generación sexuada”. “Sin duda alguna, es la complementariedad y asimetría hombre-mujer la que da su modelo a la distinción de los lados paterno y materno de la filiación”. Agacinski reconoce que la paternidad civil no siempre coincide exactamente con la generación biológica, pero en general se ha intentado que coincidan. “No olvidemos tampoco que el orden civil no borra todo lazo biológico: el incesto sigue siendo tabú entre padres e hijos naturales, y la responsabilidad moral de los progenitores, cuando son conocidos, no desaparece simplemente tras la paternidad legal”. En cualquier caso, “la alteridad sexual da su modelo formal a la bilateralidad de los ascendientes (por eso, y solo por eso, son dos, y no tres o cuatro)”. En resumen, “si el orden humano, social y simbólico, da a los individuos una filiación doble, materna y paterna, no es en razón de los sentimientos que pueden unir a los padres entre sí, los deseos que los animan o los placeres que se dan, sino en razón de la condición sexuada de la existencia humana y de la heterogeneidad de toda generación, cuyo modelo la cultura ha querido conservar hasta ahora”. Se trata pues de decidir si hay que mantener o romper “este modelo en el que se articulan la generación, la diferencia de sexos y la de generaciones”. La película
"En algún lugar de la memoria"
Dirección y guión: Mike Binder. País: USA. Año: 2007. Duración: 124 min. Género: Drama. Intérpretes: Adam Sandler (Charlie Fineman), Don Cheadle (Alan Johnson), Jada Pinkett Smith (Janeane Johnson), Liv Tyler (Angela), Saffron Burrows (Donna Remar), Donald Sutherland (juez Raines), Robert Klein (Jonathan Timpleman), Melinda Dillon (Ginger), Mike Binder (Bryan), Jonathan Banks (Stelter), Paula Newsome (Melanie). Producción: Jack Binder y Michael Rotenberg. Música: Rolfe Kent. Fotografía: Russ Alsobrook. Montaje: Steve Edwards y Jeremy Roush.
Fernando Gil-Delgado
Alan Johnson (Don Cheadle), es un dentista neoyorkino, felizmente casado y padre de familia que, inexplicablemente, está angustiado porque no se siente feliz y se da cuenta de que conscientemente huye de su casa y familia. Tampoco busca “consuelo” fuera de su hogar; de vez en cuando acude a una psicoanalista amiga para pedir consejo. Su vida cambia cuando, por casualidad, se encuentra con Charlie Fineman (Adam Sandler), antiguo compañero de universidad, retirado después de perder a su familia en el 11-S. Charlie está desquiciado; no ha sabido pasar página y rehacer su vida tras la tragedia. Alan comenzará a tratarlo, a restablecer su vieja amistad y el resultado será muy positivo para ambos.
Mike Binder (Más allá del odio, Diario de un ejecutivo agresivo) ha escrito y dirigido una película interesante en la que se atreve a hablar con seriedad de temas de interés humano: amor, familia, trabajo, rutina, insatisfacción, esposa, hijos… El guión es hábil, los dos protagonistas -sensacionales los dos-, se envidian mutuamente: Charlie ve a su compañero como lo que es, un triunfador que ejerce su profesión con brillantez, y tiene esposa e hijos. Alan, por su parte, insatisfecho, envidia la falta de lazos y de responsabilidad que tiene Charlie.
La película, ciertamente, no es redonda: es larga, hay subtramas de interés dudoso, como el papel de Saffron Burrows como divorciada medio loca que desea a su dentista; está el afán de justificar la juventud de Liv Tyler para ser analista; y los repetidos ataques de histeria de Charlie como único motor de la acción pueden resultar cansinos. Pero es ciertamente una película sólida, bien llevada, inteligente y de gran interés. El libro "Prosas apátridas"
El peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), uno de los mejores cuentistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, es autor también de novelas, artículos, obras de teatro, ensayos y un monumental diario que escribió durante toda su vida, del que sólo se han publicado los tres primeros volúmenes, que van desde 1950 a 1978, y que la editorial Seix Barral reunió en 2002 bajo el título de La tentación del fracaso. Los textos reunidos en Prosas apátridas guardan bastante relación con los que aparecen en sus diarios. En la “Nota del autor” que encabeza esta nueva edición, explica Ribeyro tanto el título como el contenido de estas prosas: se trata de “textos que no han encontrado sitio en mis libros ya publicados y que erraban entre mis papeles, sin destino ni función precisos”. También, según su autor, son textos “que no se ajustan cabalmente a ningún género, pues no son poemas en prosa, ni páginas de un diario íntimo, ni apuntes destinados a un posterior desarrollo, al menos no los escribí con esa intención”. En estos textos, por lo general breves, hay, pues, de todo: reflexiones personales, aforismos, anécdotas literarias, comentarios sobre lecturas, tímidos ensayos literarios, descripciones de su vida en París... Si bien sus diarios tienen un contenido más íntimo, Prosas apátridas comparte las mismas inquietudes literarias, subjetivas y personales, aunque en ocasiones adopte la forma del género ensayístico, más distante y objetivo. Algunas observaciones definen su manera de entender la literatura: “No creo que para escribir sea necesario ir a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura”. (Puede realizar sus pedidos en Librería Bertrand, C/Fuencarral, 141. Tfno: 91 445 56 31)
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